Para que aquellos indeseables que piensan que el toro de lidia sólo responde a las incitaciones de alguien, lamentablemente la prueba de lo contrario es que el domingo por la mañana, un astado propinó cornadas mortales a la señora Rocío Mexicano, esposa de Gerardo Labastida, miembro de una familia de criadores de bravo en San Luis Potosí. La casa de Rocío, quien contaba con 60 años de edad, está rodeada por corrales donde se crían toros de lidia. Un semental había tenido una pelea con otro toro y, mal herido, se salió del corral y se metió a la casa de los Labastida. Desafortunadamente por la mañana, Rocío salió a caminar, como siempre lo hacía, y se topó accidentalmente con el toro, que en los estertores, la embistió propinándole varias cornadas que resultaron mortales. El cuerpo de Rocío quedó en el lugar de la embestida, sin que ya nadie pudiera hacer nada por ella, y el del toro a 20 metros de distancia, también muerto. ‘Estoy muy conmovida. La familia no salimos del asombro y la tristeza por este lamentable accidente que le costó la vida a mi concuña. Desafortunadamente el toro de lidia es un animal bravo con instinto propio y la vida te da estos golpes durísimos. A nombre de todas las mujeres ganaderas, y las que estamos en torno al mundo del toro, lamentamos este dramático momento y deseamos a Gerardo, a sus hijos, y a toda la familia Labastida, la más pronta resignación’, dijo Paulina Gordoa, quien además de ser ganadera, es presidenta de las mujeres vinculadas a la crianza del toro bravo.
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