A lo largo de los días de octubre de 2019, todos los días en pcctoros, dábamos la última hora del estado de salud del banderillero manchego Mariano de la Viña, herido de extrema gravedad tal día como hoy en Zaragoza hace siete años. Durante las semanas que estaba el torero de plata en la UCI las noticias iban siendo satisfactorias hasta que el 14 de octubre, ese mismo día se publicaba el parte facultativo que esperábamos donde Carlos Val-Carreres redactó el parte que tenía Mariano de la Viña, la cornada era brutal y demoledora leíamos el parte que decía lo siguiente:
Durante la lidia del cuarto toro ha ingresado en esta enfermería el banderillero Mariano de la Viña, que presenta las siguientes lesiones: dos heridas por asta de toro y traumatismo craneoencefálico. Una herida por asta de toro a nivel del triángulo de Scarpa derecho con orificio de entrada de 12 centímetros y dos trayectorias, una ascendente de 27 centímetros que arranca la arteria femoral superficial y rompe en su porción distal la arteria iliaca interna. Con rotura de los músculos sartorio y el adductor mediano penetrando en el espacio retroperitoneal. Una segunda herida por asta de toro a nivel de la región glútea izquierda con orificio de entrada de 8 centímetros y trayectoria hacia delante de 22 centímetros que penetra por la escotadura ciática alcanzando el espacio situado entre el recto y la vejiga tras arrancar la arteria iliaca interna izquierda en su origen. Traumatismo craneoencefálico pendiente de diagnóstico por la imagen. El herido ingresa en la enfermería en situación cataclísmica, inconsciente, con una hemorragia de gran intensidad. Pronóstico muy grave que sí le impide continuar la lidia. Firmado: Dr. Carlos Val-Carreres, Cirujano-jefe de la enfermería de la plaza de toros de Zaragoza.
Con el paso de los días, la salud de Mariano mejoraba hasta que el 22 de noviembre, el torero manchego abandonaba el Hospital Quirón de Zaragoza, tras permanecer 40 días ingresado. El percance sobrevino en el segundo toro del lote de Enrique Ponce, «Sigiloso», de Montalvo, de 544 kilos. Difícil será borrar aquella imagen: de una cornada casi mortal al milagro.
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